Georgia acababa de mudarse a la antigua mansión de su tía abuela Euríale junto con su hermana, Danielle. Esta casa guarda oscuros secretos. Cosas que ella jamás habría imaginado. Criaturas que se mezclan con el mundo mortal y tal vez, tú, seas una de esas criaturas.
martes, 16 de julio de 2013
Capítulo 9: Problemas.
—Pero... —me quedé con las palabras en la punta de la lengua cuando el timbre sonó, debíamos entrar a clase.
—Luego hablamos, Georgia. —asentí.
Entré al edificio y fui corriendo a la cafetería que seguía llena, busqué a Liam con la mirada y le vi saliendo por la otra puerta, corrí gritando su nombre e intentando que me escuchara, pero estaba lejos. de repente una chica apareció por mi derecha mientras corría para alcanzar a Liam y se chocó contra mí derramando el contenido de su bandeja sobre mi pelo. Me dirigió una mirada de odio y noté como si mis pulmones se secaran y no dejaran pasar el aire, mi estómago estaba contraído, y sentía un dolor inmediato de cabeza, que me provocaba nauseas. Una chica castaña se acercó a esta y le posó la mano en el hombro, se miraron por un segundo, entonces la primera chica se fue, no antes sin pisar mi mano con su punzante tacón negro. La chica castaña me extendió una mano, sus ojos verdes eran amigables, como todo su ser.
—No te tomes muy a pecho lo que ha pasado, ella..., es así —dijo mientras tiraba de mí para ponerme en pie.— Soy guarda de pasillo, no te preocupes, vamos al baño, te cambias y luego preparo un justificante para el tutor de la clase a la que faltes, ¡Lu, acompáñanos!
Una chica de pelo oscuro y ojos azules con una carpeta llena de papeles desordenados apareció a nuestro lado, salimos de la cafetería y fuimos directas al baño.
—Mi nombre es Dianne, estoy un curso por debajo, es un honor conocerte en persona Georgia Legendre.
—Emm, gracias.—dije con cierto tono dubitativo.
—Yo soy Lucy, puedes llamarme Lu. Estoy en tu curso.—me dedicó una sonrisa tímida.
Dianne abrió su mochila y comenzó a sacar cosas, una caja de pañuelos, una camiseta, un par de pantalones, un sujetador, un cepillo de pelo, un maletín de maquillaje... era como si esa mochila no tuviera fin. Me ofreció una camiseta gris y unos vaqueros de pitillo.
—Entra ahí, date una ducha y ponte esto.—dejé la ropa junto a mi mochila, me dio un bote de champú de hierbas y entré a la ducha.
El agua estaba fría pero me valía igual, me relajé completamente mientras el agua caía sobre mi piel y quitaba los restos de pasta y ensalada de mi cabello.
Alcancé una toalla que Lucy ofrecía por encima de la puerta y me sequé con ella. Salí y ellas ya tenían una especie de salón de belleza montado. Me sentaron en uno de los bancos del baño y comenzaron a secarme el pelo y a peinarlo.
—¿Qué se siente al ser una persona tan importante?
—¿Importante?—pregunté.
—Sí, en nuestro mundo eres así, en los subsuelos, en los bosques mágicos que hay tras el abismo, desde que llegaste a McKinleyville estas en boca de todos los habitantes... mágicos.—Aclaró Lucy.
—Ya, pero... yo no estoy familiarizada con la magia, bueno, familiarizada por mi familia, pero antes de llegar no sabía nada de esto.
—Oh, en ese caso... bueno ya estás peinada. limpia y vestida. Lu, saca los justificantes de pasillo y prepara uno a nombre de Georgia Legendre.
Firmó un justificante a nombre del guarda de pasillo y me senté junto a la puerta del aula esperando que terminara la clase y nos fueramos a la siguiente. Liam salió el primero de clase nada más sonar la campana.
—No las soporto más, estas humanas se pegan como las babosas.
—Si no fueras un ángel buenorro no te acosarían como lo hacen.
—¿Crees que soy un ángel buenorro? —sus mejillas se volvieron coloradas.
—Pues claro —Las chicas comenzaron a arrollarlo y lo empujaban por el pasillo mientras se peleaban entre ellas por sentarse a su lado. —¡Nos vemos en clase! —grité a Liam antes que desapareciera.
Louis salió de clase, me saludó con la mano y dejó de hablar con el chico que le acompañaba, era rubio y tenía aspecto de ser menor, además de que mediría un poco menos que yo.
—Era un amigo, creo que podrá ayudarnos con el asunto de mi hermana y tus amigos.
—Genial —hice una mueca.
Puso su mano alrededor de mi cadera y tiró de mí por el pasillo, en menos de dos minutos estabamos en el piso mas alto del edificio, en frente de clase. Ocupé un asiento al lado de Louis ya que una rubia gigante me había quitado mi asiento junto a Liam.
—¿Por qué faltaste a la anterior clase? No sabía que te fueran las pellas...
—Oh no, no hice pellas, tuve un problema pero mira —le enseñé el papelito firmado —. Tengo justificante.
—En ese caso bien.
Esta clase era diferente, no habían mesas separadas sino una gran fila de pupitres altos que rodeaban toda el aula. Las paredes estaban cubiertas de instrumentos de todas clases. La profesora entró en clase y de un grito nos hizo callar a todos. Sonrió y se presentó como la señora Collins, departamento de música.
—Bueno, ya sé que sois mayores, ¡último curso ni más ni menos! Peeeero —su tono de voz era tan agudo que mareaba —. Mi costumbre es que todos mis alumnos se presenten cantando.
—¿Cómo? ¿Canturreando nuestro nombre, edad y color favorito cual preescolar? —dijo un chico de pelo oscuro en cresta, con tatuajes rodeando todo su brazo.
—Cállese señor Jonhson. Bueno, no, no se calle, usted va a presentarse el primero y cantará igualmente el primero.
El chico abrió la boca para quejarse pero Collins le echó una mirada sebera y él comenzó a decir:
—Mi nombre es Steve Jonhson, nací en Kansas y voy a cantar "Welcome To The Black Parade" de My Chemical Romance.
—Excelente, comience.
Unas chicas de origen asiático se levantaron y cogieron unas gitarras eléctricas mientras Steve comenzaba a cantar desentonando completamente y todos nos uniamos para hacer los coros de la canción y dábamos palmas. Así con cada uno que salió, algunas chicas salían en grupo y cantaban como tal, supuse que estaban en el coro. Louis resultó tener una voz magnífica y Liam cantaba bueno... Como los ángeles, así debía cantar. La clase acabó, apenas había sentido vergüenza cuando canté "Imagine" y me habían aplaudido y vitoreado. Me reuní con Louis a la puerta de salida.
—¿Qué fue eso? —dijo riendo.
—¿El qué? —di una patada nerviosa a una piedrecita.
—Lo de clase, cantaste como... Para hipnotizar...
—Anda ya, bueno, tú tienes que contarme, aun hay cosas que no sé ni sobre mí misma, y creo que tú sabes bastante para iluminarme...
—Esta noche paso a recogerte, será tarde, espero que sigas despierta.
—Ahí estaré, esperando tu llegada desde el balcón. —Nos despedimos con la mano y salí corriendo hacia casa.
martes, 9 de julio de 2013
Capítulo 8: El consejo.
La clase pasó lentamente, Liam y yo copiábamos todo lo que el tutor escribía en la pizarra en nuestros cuadernos, pero yo cada poco tiempo miraba hacia atrás y la mirada de Louis y la mía se cruzaban, cada sonrisa que soltaba me producía un escalofrío y sin saber cómo, cada vez que me estremecía era como si él lo notara, y se reía con una de sus perfectas carcajadas.
—Si siguen riéndose me temo que tendré que echarles al pasillo, señor Tomlinson, señorita Legendre.-dijo el señor Brown, nuestro tutor, sin apenas levantar la mirada de la pizarra.
Louis me tiró una mirada de maldad y diversión, me tapé la boca y ahogué una risa mientras él se metía el lápiz a la nariz, sin querer, mientras leía su libro de texto. La campana tocó por fin, después de aquella clase de Historia, una insoportable charla sobre el centro y una clase agotadora de Educación Física en la que nos habían hecho correr a todos durante la hora.
Sujetaba la libreta y el estuche entre mis brazos mientras esperaba a Louis a la puerta del vestuario de chicos, los chicos salían dándose codazos y empujándose entre ellos mientras que él no salía.
—Eh ¿vienes a comer?-me dijo Liam nada más salir, llevaba el pelo húmedo y una camiseta estrecha que marcaba todos sus músculos, las chicas comenzaron a rodearle.
—Creo que no, luego nos vemos en clase.-dije a tiempo de apartarme mientras todas aquellas chicas le cogían por los brazos y le empujaban hacia la cafetería.
Volví a quedarme sola en la puerta del vestuario masculino esperando a que Louis se decidiera a salir, ni siquiera sabía por qué le estaba esperando, no le conocía, y había dejado a Liam solo con aquel montón de chicas revolucionadas. Me olvidé de todo cuando le vi salir por la puerta, su pelo estaba mojado y le caía sobre la frente, olía realmente fresco y limpio, llevaba una camiseta, también estrecha como la de Liam, en la que ponía "I hate Mondays". Se alborotó el pelo con una toalla y la guardó rápidamente en la taquilla del vestuario.
—Veo que me has esperado.-sonrió brevemente y siguió.-Vamos, tenemos que hablar.
Me agarró por la muñeca y tiró de mí por los pasillos del instituto. Su falta de temperatura corporal me escandalizaba, era inhumano, pero esta vez no me solté, dejé que me guiara hasta donde quería llevarme. Pasamos la cafetería, se dirgió a fuera pero me detuve casi clavando los pies al suelo.
—Vamos.-dijo.
—Te quemarás.-dije decidida.
—¿De qué hablas?-parecía confuso. Solté su mano de la mía.
—Venga ya, sé que eres, si sales te quemarás.
Soltó una carcajada.
—Realmente no sabes nada de nosotros, los vampiros no nos quemamos al sol.-se señaló los músculos.-¿No has visto que maravilloso bronceado?
—Bueno, si tú lo dices.-esbocé una sonrisa torcida.
Salimos al césped y nos sentamos bajo un árbol, en la sombra. Abrí mi mochila y de ella saqué un sándwich que me había preparado Liam y un zumo, comencé a beber mientras él hablaba.
—Bueno, supongo que ya sabes por qué te he traído aquí.-dijo cansado.
—Para hablar.-di un mordisco al sándwich.
Soltó una carcajada.
—Ya bueno, hay muchos temas de los que se pueden hablar...-miró a todos lados a nuestro alrededor-. Pero digamos que este tema es menos común.- terminé el sándwich, hice con el papel metalizado una pelota y la guardé en mi mochila.- Tu amigo...
—Liam.
—¿Sabes qué es?
—Ajá.-me echó una mirada dubitativa-. Un ángel, es un ángel.
—Exacto. ¿Tu otro amigo es...?
—Zayn es un hombre lobo, sí, lo sé. Y tú y tus amiguitos vampiros, todos criaturas mágicas.- rio de nuevo con mi comentario.
—Bueno, como tú dices... somo criaturas, todo lo que imaginas, desde vampiros hasta las más diminutas hadas del bosque. Y como los humanos tenéis gobierno, nosotros tenemos un consejo.-asentí y el siguió hablando-. Bueno, el consejo tiene serias normas para que los humanos no descubran nuestra verdadera identidad. No debemos mostrar nuestra forma mágica delante de ellos, no podemos atacar a los humanos, esa es una de las reglas que más se pasan, puesto que muchos de nosotros nos alimentamos de humanos. No podemos quedarnos mucho tiempo en un mismo lugar, esta normativa va para los que somos inmortales; si los humanos ven que durante tiempo no envejecemos tienden a sospechar así que estamos mudándonos constantemente.
—Y...-no me dejó acabar la frase puesto que seguía hablando.
—Entre nosotros también hay reglas que cumplir. No podemos robar a los demás, por eso mi hermana Lottie entró en tu casa, pensaba que habías robado ese medallón. Entrar en las casas otro de nosostros, como en el mundo humano, también es ilegal. Y bueno, tus amigos serán castigados por ello.
—¿QUÉ?¿ESTO ES LO QUE TENÍAS QUE DECIRME?
—Pero...
—NO, Liam y Zayn; oh Dios...
—Lottie entró en tu casa, también será castigada, por eso necesito tu ayuda, es mi hermana, la única familia real que tengo.
—¿Por qué mi ayuda?
—Eres una Legendre, el consejo está a cargo de tu tía, Euríale Legendre.
viernes, 5 de julio de 2013
Capítulo 7: El Instituto.
Un beso.
El sol me daba directamente en los ojos desde la ventana, que había olvidado cerrar cuando entré por ella esa noche, así que me obligué a levantarme. Mi primer día de instituto, genial, con las ganas que tenía yo. Entonces recordé a ese tal Harry, sonriendo y diciendo que nos veríamos en el instituto; no pude evitar sonrojarme nada más pensar en él. Me peiné y repasé mi maquillaje que llevaba del día anterior, me puse una camiseta verde y un pantalón vaquero corto con medias oscuras debajo.
Bajé a desayunar, entré a la cocina atraída por un olor magnífico a gofres y zumo de naranja recién exprimido, tenía que haber todo un manjar esperándome. Pero no era la tía Euríale la que allí estaba cocinando sino Liam, que hablaba animadamente con mi hermana, que se enroscaba un mecho de pelo entre los dedos a modo coqueto. Sin pensar en Danielle me tiré a los brazos de Liam y le besé la mejilla, después revisé sus brazos y su cuello en busca de algún mordisco o alguna herida, pero gracias a Dios no había nada.
—Menos mal que aquellos .-por la presencia de Danielle decidí no nombrar los vampiros-. Matones no te hicieron nada, me tenías preocupada.
—Te fuiste...
—Uno de ellos me obligó a irme a casa, más bien no él en persona, se lo ordenaron.
—¿Te hicieron algo?-su rostro palideció.
—No, no me hicieron nada.
—Ah bien, desayuna y nos vamos.
Me senté a la mesa y miré a Dan extrañada mientras ella reía a cada palabra que Liam soltaba por su boca y le miraba empanada, como si fuera la única persona que había en la cocina. Pasé la mano unas cuantas veces por delante de su rostro pero ni eso impedía que le mirase, estaba completamente embobada.
—Bueno Liam... será mejor que no vayamos, no quiero llegar tarde a clase.
—No tenemos prisa...
—Si, si la tenemos vámonos.-cogí a Liam por un brazo y a la vez agarré una libreta y un estuche lleno de bolígrafos-. No me gusta que mi hermana te coma así con los ojos.
—¿Tienes celos?- preguntó con una sonrisita pícara.
—¿Yo? Que va... bueno si, pero en plan amigos, ya sabes.
—Me gusta tu hermana.-mi respiración se cortó-. Es una chica agradable, tal vez podamos ser amigos-. me tranquilicé al oír que decía la palabra "amigos".
—Si bueno, no la conoces como yo. Es insoportable.
—Yo la encuentro encantadora.
—Pues ella a ti también, si vieras como te miraba...
—Ya, es una ventaja de ser lo que soy.
—de eso quería hablarte... Después de lo de anoche, me creería cualquier cosa así que dime, ¿qué eres? -Se quedó un momento en silencio y me miró como si supiera si contármelo o no.
—Un ángel.
—¡¿Un ángel?!-apenas me lo podía creer, aunque había dicho que lo asimilaría.
—Exacto.- dijo con tono indiferente, mientras daba patadas a las piedrecitas del suelo.
—Entonces ¿Vuelas?¿Tienes unas gigantes alas blancas? -ya sabía la segunda respuesta ya que había visto sus alas.- Y ¿tocas el arpa?¿Conoces a Dios?
—Esto... no, no toco el arpa, toco un poco el piano, no conozco a Dios, lo de las alas es cierto, las viste y además llegamos tarde a clase por lo que puedo responder así a la última pregunta.
No me dio tiempo a reaccionar puesto que me cogió por la cintura y las alas de su espalda desplegaron, no se como conseguía ocultarlas porque aquellas alas eran enormes. No parecía que le importara si alguien nos veía, aunque no había nadie en la calle porque era muy temprano.
Llegamos al instituto y Liam me bajó detrás de unos árboles, las alas disminuyeron su tamaño y acabaron por desaparecer. Nada más salir de detrás de los árboles las chicas quedaban boquiabiertas al ver a Liam, no sé si por su belleza o porque iba acompañado por mí.
—¿Siempre se comportan así?
—¿Eh?-dijo con indiferencia, como si no fuera centrado.
—Las chicas.-dije poniendo los ojos en blanco.
—No sólo chicas, también chicos, y profesores. Cuando un ángel termina el crecimiento de sus alas, experimenta otros cambios como la grasa que sobra en tu cuerpo, desaparece porque es innecesaria. Y soltamos una especie de ... ¿Feromona? Algo así que atrae a los humanos, les excita.
—A mí no me excitas. ¿Por qué?
—Porque no eres humana...-por la cara que puse comenzó a reír-. Eres el monstruo de las preguntas
—JA JA, muy gracioso.- le eché una mirada entre enfadada y divertida.
—Vamos anda, que la clase comenzará.-me dio un empujón para entrar a clase, él entró detrás de mí.
El tutor aun no había llegado por lo que un grupo de chicas, mil veces más guapas e interesantes que yo, secuestraron a Liam y se flipaban tocando sus músculos mientras el movía los labios diciendo "socorro". Entonces vi a Louis, por un momento nuestras miradas se cruzaron y sentí una especie de electricidad que me recorrió el cuerpo en segundos. Me hizo un gesto para que fuera hacia él.
—Tu amigo parece feliz.
—Él es feliz.
—No por mucho tiempo, tiene quince días.
—¿Quince días para qué?-comenzaba a ponerme nerviosa, no sabía de que narices me estaba hablando.
—Al consejo no le gustó nada que él y el lobito se colaran en el nido, serán sancionados por los grandes, tiene quince días hasta que todo el consejo esté reunido.
—¿Lobito?Ah vale, Zayn... ¿Nido?¿Consejo?¿De qué me hablas?
—El nido, donde entrasteis la otra noche, ahí vivimos los vampiros, les llamamos el nido.
—¡Buenos días alumnos! Siéntense, por ser el primer día después de las vacaciones de primavera no crean que les voy a pasar ni una.-anunció el tutor.
—En el recreo, no te vayas, tenemos que hablar.
Ocupé mi asiento junto a Liam que ya no era acosado por sus "fans" y la clase comenzó.
martes, 2 de julio de 2013
Capítulo 6: Sin temperatura.
—No te acerques a mí, sé que eres.-siguió acercándose hasta ponerse delante de mí.
—¿Ah, si?¿Qué soy?
—Eres... eres un vampiro, chupasangres, y no tengo miedo.-su rostro se tranquilizó.
—Tampoco tenías por qué tenerme miedo, no voy a hacerte nada.-no podía confiar en él, había estado a punto de matarme unos días atrás, pero esos ojos, me hacían confiar en él, sentirme segura.
—¿Qué está pasando ahí dentro?¿Volverán?
—Claro que volverán, no les va a pasar nada. Y lo que pase ahí dentro es cosa del consejo, tú no puedes saber nada, humana.
—Pues menuda mierda.
—Eh, ¿te apetece dar una vuelta?
—¿Contigo? ¿Vas a chuparme la sangre hasta dejarme seca?-soltó una carcajada, su risa era la más perfecta que había escuchado en mi vida.
—¿De verdad crees que voy a hacer eso? Oh vamos.
Me ofreció su mano para levantarme, la miré dubitativa sin saber que hacer, esperar a Zayn y Liam o irme con él a saber dónde. Creí que iba a retirar la mano cuando la agarré y el tiró de mí hacia arriba con suma fuerza. su muñeca estaba helada, no tenía temperatura corporal, era frío y su piel era suave y impoluta, sin una sola imperfección. Retiré la mano, me resultaba inhumano que no hubiera temperatura corporal en ese cuerpo, pero él no era humano, ese era el problema.
—Por cierto, mi nombre es Louis. Louis Tomlinson.
—Georgia Legendre, llámame Geo.
—Gerogia es bonito, no necesita que lo acorten de ninguna manera.-me sonrojé.
—Pues... gracias, Louis también es bonito.
—Claro, sé que soy bonito, más bien sexy.-soltó una nueva y sonora carcajada.
Volvió a tomar mi mano, esta vez sin pedirme permiso y me agarró por la cintura, a esto me separé un poco de él. Comenzamos a andar hablando sobre cosas sin sentido, que no tenían nada que ver con lo que había pasado. La calle estaba desierta, por la noche no era como yo la había visto siempre, como un pueblecillo alegre y lleno de vida sino que se veía lúgubre y no había nadie. Las casas no mostraban el mínimo indicio de vida, las ventanas no reflejaban la luz del interior de las habitaciones y el único lugar del que parecía escaparse luz y sonido era de la mansión, al contrario que por el día.
Un chico de pelo oscuro y rizado se posó delante de nosotros y puso una sonrisa torcida. Realmente era atractivo, a la vez era aterrador por su mirada, no parecía tener más de dieciocho años pero su mirada era adulta y excitante. Se pasó sus dedos, ágiles y finos, por el pelo desenredando los rizos y se acercó a nosotros aun más.
—Louis, ¿saliendo con la intrusa?
—Es humana Harry, ni siquiera sabe que somos.
—Si lo s...-Louis me puso una mano en la boca.
—Bueno, Edmond dice que lleves a la chica a su casa.
—¿Qué?¿Y mis amigos?¿Dónde están ellos?
—No te preocupes, mañana los verás, y a mí también.-me guiñó un ojo-. Acabaron las vacaciones de Primavera, y en unas horas es tu primer día de instituto, duerme preciosa.
Desapareció de nuestra vista igual que como había aparecido, en un abrir y cerrar de ojos.
Louis me cogió en brazos y me obligó a cerrar los ojos, el viento me daba en la cara y sabía que nos movíamos a gran velocidad, en menos de cinco minutos estábamos en mi casa.
—¿Cómo has hecho eso?
—Es parte de ser... lo que soy. Mañana te veo.
Subí trepando por el árbol que daba a la ventana de mi cuarto, escuché un murmullo de muchas voces en el piso de abajo nada más entrar a mi habitación pero sin darles importancia alguna, me tiré sobre mi cama y me dormí.
martes, 4 de junio de 2013
Capítulo 5: El medallón.
—¿Quién es?
—Traigo la pizza, hubo un contratiempo y no pudimos venir antes.
Abrí la puerta, una chica de cabellos dorados con mechones rosados se encontraba frente a mí, de tez pálida y ojos azules. La tez blanca le daba un aspecto... muerto y, su sonrisa dejaba ver unos dientes perfectamente enfilados.
—Umh, ¿Cuánto es?
—Mejor paso, la dejo ahí y me pagas.
—Trae, yo la llevo ¿cuánto?
—No, insisto, yo la llevo.-empezaba a ser pesada, hice un gesto para que pasara y dejó la pizza sobre la mesa, al volverse pude ver como sus ojos se habían teñido de rojo y unos afilados colmillos asomaban por encima del labio inferior. Se avalanzó sobre mí y tirándome al suelo, pasó por encima de mí pisando mi cuello y subió al segundo piso como una bala. Como pude, me levanté y fui hacia mi cuarto arriba, tambaleándome confundida y entré a mi cuarto. La ventana estaba abierta y al asomarme pude observarle detenidamente, el chico, era él. En una moto, la chica rubia se montó y los dos se fueron, con ellos, el medallón.
Noté que alguien aparecía detrás de mí, y sin pensarlo le azoté en la cara con un libro que había sobre el escritorio, Liam cayó al suelo por el golpe.
—¡Dios Liam, lo siento!¡No sabía que eras tú!
—No te preocupes, estúpidos neófitos...
—Neo...¿Qué?
—Nada Geo, lo importante es que estés bien, ¿se han llevado algo?
—Si Liam, un medallón que encontré en la caja de las serpientes.
—¿Averiguaste cómo abrirla?
—Si, lo hice, pero en bano, se han llevado lo que contenía.
—Debí haber llegado antes.
—No, es suficiente con que hayas venido, gracias.
—No las des, es mi trabajo.
—¿Cómo?
—Nada, nada.
Liam me dio un beso en la frente y me dijo que no me preocupara, mi hermana, bastante alterada llamó a la puerta y cuando por fin consiguió estar, sin que yo me hubiese dado cuenta, Liam ya no estaba allí, había desaparecido. Danielle me mandó a dormir y dijo que si la despertaba de nuevo tendría serios problemas con ella, por lo que hice caso y me metí en la cama haciéndome un ovillo entre mi cuerpo y la cantidad incontable de mantas que formaban una montaña.
La noche pasaba a su paso, muy lentamente, yo me limitaba a mirar el cielo por la ventana y en pensar en el chico de los ojos azules, no, rojos, no, azules. Bueno, el chico de los ojos cambiantes, el chico de la moto, ese chico. Aún no sabía quien era, y aún menos sabía yo que quería de mí. Algo chocó en el cristal, volvió a chocar. Me asomé y abajo estaban Liam y Zayn, este último tirando piedras al cristal de la ventana.
—¿Qué hacéis?¿Estais locos?
—Baja, rápida.
—No creo que sea buena idea.
Zayn se subió al árbol que había junto a mi cuarto y llegó a la ventana.
—Vamos, ¿quieres recuperar ese medallón?
—¿Cómo sabes tú...
—Me lo dijo Liam. ¿Vienes?
Miré atrás, la llave de la habitación descansaba en la mesilla, estaba cerrada. Cogí la mano de Zayn, pero este me cogió por la cintura y pegó un salto desde la ventana al suelo, a más de seis metros de altura. Caimos de pie, y como si nada, me bajó y comenzamos a caminar haia quién sabe donde.
—¿Cómo sabéis dónde están ellos? O sea, quienes se llevaron el medallón.
—Yo se donde viven.-dijo Zayn,la última la palabra la hizo haciendo un gesto de comillas con los dedos.
—Vale, ¿dónde es?
—Está por el centro, es un edificio avandonado.
Caminamos vagando por las calles, Zayn nos guiaba por las calles, Liam parecía preocupado y yo, bueno, yo quería recuperar mi medallón. Llegamos a una calle solitaria, Zayn paró frente a la puerta deun edificio y nosotros detrás de él, forzó el candado que había cerrando la puerta y pasamos, él iba por delante. No había luz en ningún lado, y no se escuchaba un ruido más que el de nuestra respiración agitada y las pisadas.
—¿Estáis seguros de que están aquí?
—Shhh, no hagas ni un ruido.
—Vale, vale.
Alguien puso su mano en mi hombro, y por el momento en el que estábamos mi reacción no fue de lo mejor, pegué un grito que me dejó sorda a mí misma, un salto y caí al suelo golpeándome el trasero, perfecto.
—¿Estás bien?-era la voz de Liam.
—Lo estoy.-dije al tiempo que la luz de la linterna de Zayn nos iluminaba, después al techo donde unos quince pares de ojos brillantes y rojos nos miraban sin pestañear.
—¿Estás segura de eso?-preguntó una chica castaña.
—No creas que ahora vas a estar bien.-susurró una chica de pelo negro a su lado, con un collar en el que ponía "Rachel".
Un chico se apolló en la chica castaña, y los demás caían del techo y se posicionaban tras ellos.
Liam se puso delante de mí, Zayn se acercó a el chico del parque, de su boca asomaron dos afilados colmillos. Zayn había cambiado su aspecto completamente.
Parecía que allí iba a haber una pelea enorme pero no, la chica que me trajo la pizza, poniéndose entre todos dijo:
—No era lo que buscábamos, dejadles marchar.
Me lanzó el medallón, lo cogí al vuelo y sin más que decir, dos chicos, uno de pelo rizado y otro bastante parecido a la tal Rachel, me empujaron hacia la salida.
—¡Eh!¡Ellos vienen conmigo!
—Tenemos que aclarar unas cosas, son asuntos del consejo.
La puerta se cerró, dejando a Liam y Zayn dentro.
domingo, 2 de junio de 2013
Capítulo 4: Duérmete vamos.
Me acosté en la cama y miré hacia la nada pensativa, me aburría como nunca y encima tenía hambre, genial. Busqué mi móvil entre todas las cosas que habían en mi mochila y marqué el número de la pizzería más cercana para encargar una pizza, de barbacoa, como a mí me gustaba.
—Eh Geo.
—Danielle... hola.
—Anoche no dormiste aquí, ¿que pasó?
—Nada, me quedé dormida en un parque.
—Oh dios.-exageró-. Podían haberte violado, ¿estás bien?
—Sí, sí, estoy bien. No me ha pasado nada, no te preocupes.
—Vale.
Se sentó junto a mí y con un cepillo se puso a peinar los mechones rebeldes que se escapaban de mi recogido, estuvo así un buen rato, peinándome con cuidado. El objeto de su cuello me deslumbró, brillaba como nada que hubiera visto en mi vida, era precioso, era lo que buscaba. Una llave roja de cristal, acabada en una especie de ojo de rubí, miré la caja por el rabillo del ojo y en efecto, encajaba ahí.
—Bonito colgante.
—¿Te gusta? Me lo dio la tía Euríale.
—Sabes... tienes que dármelo.
—¿Cómo? Ni en broma.
—Vamos Dani, lo necesito, es por una buena causa.
—¿Tú y una buena causa? Anda ya, si eres como el diablo en persona.
—No lo soy.
—Ya claro, eso díselo a mis muñecas de hace tantos años a las que decapitaste.
—¡Oh venga! Eso fue hace mucho, dame el colgante, por favor.
—¡No!-se levantó y salió de la habitación dando un sonoro portazo.
Bien Geo, cada momento que pasa lo haces todo mejor Geo. Si ella no me daba el colgante, tarde o temprano estaría en mi poder, como que me llamaba Georgia Legendre.
Salí rápidamente de la casa y nada más poner un pie en la escalera de fuera noté como el segundo peldaño se hundía bajo mis pies. Me quedé mirando el hueco que había formado pensando como podría arreglarlo sin que nadie se diera cunta, de una manera rápida y eficaz... espera, ¿qué era aquello? Me agaché para verlo mejor, no se como lo dudé, otra serpiente, más bien su cabeza. Parecía haber sido arrancada de algún lugar de la casa, la guardé en mi mochila y me dirigí al pueblo. Corriendo entré a la panadería en busca de Liam.
—Hola, ¿está Liam?
—Claro, ¿de parte de quién?
—Georgia.
—Umh, no me suena. Ah, ¿Geo?
—La misma.
—Pasa por allí, estará en su cuarto estudiando, es la tercera puerta a la izquierda.
—De acuerdo, gracias.
Pasé la puerta y me dirigí a la tercera habitación, abrí la puerta con cuidado y permanecí en el umbral observando por la fina apertura que había abierto. ¿Era aquel Liam? No, no era él quién allí se encontraba. Era una criatura alada, su pelo seguía siendo castaño y corto como el de Liam. Las alas blancas con plumas doradas desparecieron de su espalda, se giró y sin apenas echar una mirada añadió:
—Anda pasa.
Hice caso, entré a la habitación, allí estaba él sin camiseta, de pie e inmóvil como una escultura de cristal tan antigua que temía tocarle por si se rompía en pedazos.
—Liam...
—Siéntate.
—Liam...-seguí-¿Qué eres?
—Soy... digamos que no soy de aquí.
—¿De dónde entonces?
—De arriba. Del azul e infinito cielo, vengo de allí.
—¿Qué eres?
—No soy nada más que lo mismo que tú, soy una simple criatura que busca su sitio en el mundo.
—Está bien... por ahora no me digas nada.- me froté los ojos y me pellizqué el brazo por si aquello que había visto era tan solo una alucinación o el resultado de no haber dormido nada.
—¿Has echado esto de menos?-Liam sacó mi bicicleta de detrás del armario, yo asentí-.estaba en el parque, cuando nos fuimos se te olvidó cogerla...
—Muchas gracias, Liam.
—No hay porque darlas, es mi deber...
—Bueno... creo que debería irme.
Salí de su casa, me despedí del que supuse que sería su padre, que estaba atendiendo tras el mostrador, subí a mi bicicleta y puse rumbo a la tienda de música que tanto me había llamado la atención el día anterior. La tienda parecía antigua, las paredes era de ladrillo y estaban cubiertas de carteles de conciertos y una gran pancarta anunciaba en lo alto del edificio: "MUSIC IS LIFE"
Cuantísima razón tenía el cartel, la música es vida, si que lo es. Pasé a la tienda, una vocanada de aire frío me chocó en el rostro. Dentro de la tienda, Nirvana sonaba desde los altavoces con su tema "Lithium" que por cierto me encantaba, las paredes blancas con fundas de vinilos de bandas que desconocía colgadas y las estanterías llenas de discos actuales y más viejos que mi tía Euríale, también casetes y vinilos, más que una tienda se podía considerar un museo de la música de ayer y hoy. Era genial.
—Hola, ¿buscas algo?-preguntó un chico de mi estatura, un poco más alto. Moreno y muy atractivo, demasiado atractivo. Con el brazo lleno de tatuajes.
—Si.-dije dirigiendo la mirada a una estantería de vinilos.- creo que ya lo he enccontrado.
Alcancé un vinilo de "The Beatles" que llevaba buscando mucho tiempo y se lo entregué.
—Tienes un gran gusto, chica. Por cierto, yo soy Zayn.
—Georgia, encantada. ¿Me cobras?
—Claro.-dijo sonriendo.-Por cierto, he escuchado que se te ha roto la escalera de la entrada de tu casa, yo podría arreglarla.
—¿No eres muy joven? Para mi que tienes mi edad, quizá un año más...
—Diecinueve años. Y no, no soy muy joven. Es más, trabajo aquí y hago otros trabajos, ya sabes, por la universidad.
—Entiendo... ¿Cómo es eso de que escuchaste que se rompió?
—Pues lo escuché...
—¿Desde aquí?
—Si bueno, tengo buen oído.
—Claro, pásate por casa, supongo que sabes cual es, lo arreglas y me llamas, te pagaré.-soltó una carcajada.
—No lo iba a hacer gratis de todas formas eh.
—Lo suponía.
Me fui de la tienda, balanceando la bolsa en la que iba mi nurvo y maravilloso disco de The Beatles. En la bicicleta llegué rápidamente a casa, ya era tarde, no quería que me pasara como el día anterior que por un percance me quedé en un parque toda la noche. La luz estaba apagada, no se escuchaba más que el susurro del viento y las ramas de los árboles que chocaban con las ventanas desde fuera. Ya estaban durmiendo. Me dirigí a mi cuarto pero nada más verla, mi parte malvada salió a la luz con una idea brillante como las estrellas. Allí estaba Danielle, acostada en su cama, no estaba durmiendo. Movía constantemente las páginas de una revista a medida que leía. —Duérmete vamos.-me dije para mis adentros. Esperé un buen rato hasta que vi como la revista caía sobre su pecho y ella comenzaba a roncar como un oso ivernando. Era mi momento, me acerqué sigilosamente y de un movimiento arranqué el colgante de su cuello y corrí a mi habitación. Saqué la caja, crucé los dedos para que funcionara e introducí la llave en el hueco del ojo de la serpiente. La caja había sido abierta.
viernes, 31 de mayo de 2013
Capítulo 3: No quieras saberlo.
Holis, aquí os dejo el tercer capítulo, es corto, lo se, lo se. Bueno, pues aquí está, os pido que por favor comentéis, sea cual sea vuestro idioma, que tengo lectores de otros paises *-* Quiero saber vuestra opinión sobre la historia, bueno, y disfrutad la lectura :).
Liam, el chico de los pasteles, Liam. Liam, el chico que se encontraba frente a mí, Liam.
—Mira, ya está consciente.
—¿Qué te pasa en la pierna?
—¿A mí? Nada.
—Vas lleno de sangre...
—Esto... es tuya...
—Ah. Liam ¿qué ha pasado?
—Te caíste.
—¿Cómo?
—Estabas sentada en ese banco y te caíste.-afirmó una chica morena de ojos marrones que estaba a su lado-. Te vi caer y cuando él pasaba se quedó contigo y yo fui a por cosas para curar la herida.
—¿Pasabas por aquí?
—Un encargo a domicilio, pensé que pasar por el parque sería una ventaja.
—Ah, entiendo.
—Soy Ari, encantada.
—Georgia, llámame Geo.
La chica, llevaba sus cabellos recogidos en dos trenzas despeinadas a la altura de los hombros, unas gafas de pasta grandes y llevaba una especie de capa verde, como sacada de un cuento en los que la protagonista vive en el bosque. En su bolso se podían distinguir bolsitas de hierbas distintas ¿marihuana? No creo. No, hierba aromática por el color y flores violetas. Me dio una gasa con un líquido con olor a rosas y me indicó que la pusiera en mi nuca. Toqué con cuidado la zona del cuello, dolía bastante, miré mis dedos que aún seguían llenos de sangre de mi cuello. Liam le dio las gracias y esta se fue despareciendo entre los árboles del parque.
—Liam, no me mientas.
—¿Qué?
—No me caí. Me golpearon.
—N...no te g...golpearon. Te caíste.
—No, le vi.
—¿A quién?
—Al chico.
—¿Qué chico?
—Vamos Liam, se que sabes de quien hablo.
—No, no lo sé.
—Un chico guapo, de ojos azules... sus ojos se tiñeron rojos como la sangre.
—Lo imaginarías. No recuerdas bien.
Me ayudó a levantarme y comenzamos a andar sin un rumbo fijo.
—Fue lo único que vi Liam, ese chico, sus ojos cambiar de color y después nada, me golpearon.
—Déjalo.-miró a izquierda y derecha, a arriba, a atrás y añadió.- sé que te pasó, se quién es ese chico pero Geo, no quieras saberlo.
—Vale, umhh, ¿adónde vamos?
—A un sitio donde no haya nadie, quiero decirte algo.
Caminamos silenciosos hasta salir del parque, como si nada hubiera pasado. La gente seguía siendo tan irreal y feliz como yo la veía, nada había pasado. Lo único que pasaba era la gasa de rosas por mi nuca limpiando la sangre. Llegamos a la playa, estaba desierta en aquella zona, seguimos andando sin decir una sola palabra, la marea comenzaba a subir y hacía frío, noté como Liam ponía su chaqueta sobre mis hombros y aunque no dije nada, agradecí su gesto de amabilidad. El paisaje cambió completamente, la arena suave y fina, ahora era una montaña de piedras húmedas que se perdían en el agua y el azul del cielo había sido sustituido por un gris verdoso que me encantaba. Los acantilados se formaban a nuestra derechs conforme avanzabamos y sin saber como, observé la mansión de mi tía en lo alto del acantilado. Liam se sentó en el suelo, le imité y me senté a su lado.
—He estado observando esto...-sacó la caja de su mochila y noté el peso que faltaba en mi bolso.
—¿Has estado mirando en mi mochila?
—¿QUÉ?¡No! Se te cayó y yo la recogí. He estaba observándola y ...
—Y no la has podido registrar porque ni yo misma se abrirla.
—No iba a registrarla... sólo digo que la inscripción, anguis rubrum oculos significa ojos rojos de serpiente en latín, pero está equivocada, los ojos de estas serpientes son verdes, no rojos y mira esta, hasta le falta un ojo...
—Interesante, ¿eso es todo?
—No, también te iba a decir ... da igual, solo hazme caso, no busques al chico, si lo encuentras no te acerques a él.
—Vale papá.
—Eso es todo, adiós.
Se levantó y se marchó dando un paseo, allí me quedé. Sentada, mirando la caja y dándole vueltas entre mis manos. Era cierto, a aquella serpiente le faltaba un ojo, y todas los tenían verdes a pesar de la inscripción que nombraba a las serpientes de ojos rojos. Guardé la caja y subí por las escaleras del acantilado hasta la mansión, entré en silencio y me encerré en mi habitación, aún era de día. Cuando "me caí" era por la noche, ¿había pasado la noche en aquel parque? Gran comienzo Geo, gran comienzo.
jueves, 30 de mayo de 2013
Capítulo 2: Buena elección.
¿Qué pasaría si cogiera esa caja? Era pequeña, vieja y parecía haber sido olvidada allí, tan llena de polvo como se encontraba. No, no pasaría nada y además no sabría lo que contenía,ya que no tenía la clave para abrirla. Miré a ambos lados, derecha e izquierda, no había nadie mirándome, claro que no, estaba sola en el cuarto. La cogí y con un simple movimiento la metí a mi mochila. Entre dos libretas y mi estuche morado.
¿Y ahora qué iba a hacer? Era sábado, había un largo puente de una semana hasta que tuviera que incorporarme a las clases, y no tenía nada, absolutamente nada que hacer. La caja, imposible de abrir, no podría descubrir los secretos que guardaba.
Salí de mi habitación, no sin antes cerrar con llave y echarla a mi bolsillo. Bajé las escaleras deslizándome por la barra de agarrarse. Me dirigí al comedor en busca de un televisor, cosa que no encontré.La gran escalera de caracol que daba al desván se perdía en el techo. Había una gran lampara de araña colgada, con millones de cristalitos brillando, y como no, los soportes de la lampara acababan en cabezas de serpiente. Comenzaba a asustarme la grave obsesión de mi tía abuela con esos reptiles, ya casi podía escuchar los siseos de las serpientes en mis oidos. Una mano se posó en mi hombro, haciéndome estremecer.
—Lo siento Georgia. ¿Te apetece un cacao? Ha sobrado mucho...
—No... em, ahora iba a explorar la casa, es tan grande que temo perderme en ella.
—No, no y no, como ya has dicho, podrías perderte así que, mejor no.
—De acuerdo... voy a dar una vuelta por el pueblo.-quitó su huesuda mano de mi hombro.
—Hasta luego.-dijo suavizando su tono de voz.
Salí de la casa y bajé la colina por el camino de piedras grisáceas que daba a la salida. Monté en mi bicicleta y me dirigí al pueblo que estaba bastante lejos, ya que la casa estaba a las afueras y a su alrededor solo habían parcelas sin edificar. En el pueblo, todo era muy diferente, las casas eran de colores vivos, y los balcones estaban a reventar de macetas llenas de flores que desprendían un aroma dulce y fresco. Dejé mi bicicleta junto a un montón de estas que estaban enfiladas y le puse el candado. Entré en una panadería de paredes violetas, el aroma que había dentro, dulce, floral, perfecto.
—Buenas tardes, ¿desea algo?-dijo un hombre mayor, de pelo canoso y con una gran sonrisa en el rostro.
Giré la cabeza hacia el mostrador que estaba lleno de pasteles, tartas, dulces, bollos, magdalenas y toda clase de delicias.
—Emm.-me decanté por un pastelito de color rosado con perlas plateadas decorando la masa.-Este.
—Claro, un momento.-el hombre se acercó a otra mujer que había al otro lado del mostrador.
Me apoyé en el gran refrigerador que estaba lleno de botellas de agua, bebidas energéticas y refrescos de todas clases, estaba helado, lo que me encantaba, ya que fuera hacía un calor de mil demonios. De una puerta blanca, supongo que daría a la cocina, salió un chico de pelo castaño corto, ojos color café y una sonrisa de oreja a oreja. Cargaba una gran bandeja tapada, que puso delante de mí y destapó. Estaba llena de pastelitos con olor a gloria, demasiados colores se escapaban de allí como arco iris, decorados tan delicados y envueltos en papel de color dorado, eran perfectos.
—¿Cuál te gusta?-preguntó con un gesto de amabilidad.
Señalé decidida el rosa de las perlas, que era idéntico al del mostrador.
—Ese.-dije.
—Buena elección. Oye, eres nueva por aquí, ¿verdad?
—Esto... si. Soy Georgia, mejor Geo.
—Yo soy Liam, mejor Liam.-solté una carcajada sonora.
Me extendió un papel con la cuenta y yo le di el dinero.
—Encantada.
—Igualmente, Geo.
Salí de allí y monté de nuevo en mi bicicleta, eché el pastelito en la cesta de la bicicleta, metido en la cajita violeta donde Liam la había puesto. Me dirigí en busca de algún asiento, donde poder descansar y tomarme el dulce sin ser molestada, encontré un parque un poco a las afueras, árboles interminables daban sombra. Me senté en un banco y al poco rato de sentarme escuche una voz. Me giré bruscamente, y ahí estaba, un chico, lo único que pude ver fueron sus ojos, azules como el mar que se volvieron rojos cual sangre fresca. Algo me golpeó fuertemente, caí al suelo, perdiendo así el conocimiento, sin más.
martes, 28 de mayo de 2013
Capítulo 1: La llegada.
Bueno, después de muchísimo tiempo me he decidido a subir un capítulo, el primero (JEJE). Que no subiré muy a menudo porque estoy de exámenes y si queréis saber cuando subo capítulo seguidme en twitter @_nothingtofix_ que lo diré por ahí.
Y bueno, espero que os guste, que comentéis y sigáis el blog, besos.
* * * * * * * *
El coche paró en seco, impulsándome hacia delante y haciendo que me chocara con el asiento de mi hermana mayor, que iba conduciendo. Normalmente me sentaba en el asiento de al lado, pero quería dormir sin tener que llevar el cinturón por lo que ir atrás era la mejor opción. Danielle, mi hermana mayor, abrió la puerta y me dio unos toques en el hombro. Salí y nada más poner un pie en el suelo noté como si la tierra se moviera, las piernas se me habían paralizado y me costaba andar, tantas horas sin moverlas de posición no les habían hecho bien.
—Vamos Georgia, esta es la casa.
—Que casa mas ... fea. Y sabes que odio cuando me llamas Georgia.
—Ah vale, perdona, Geo, madre Tierra, bola de tierra suspendida en el universo...
—Ya pasó. ¿Qué mierda llevas en tu maleta?¿Piedras?
—Sólo llevo lo necesario.
—Las piedras no son necesarias, Danielle.
Cogí mi maleta y la obligué a cargar con la suya, que pesaba demasiado. Nos encaminamos a la casa, que estaba en una pequeña colina acabada en un pico que parecía peligroso, y ese pico no era más que un acantilado que daba al mar. Llamamos al timbre, que no sonó fuera, supongo que tampoco dentro. Agarré la manilla que había en la puerta para llamar como antiguamente. Era dorada y con la cabeza de una serpiente del mismo color tallada. Di dos toques que sonaron fuertemente dentro y fuera. La puerta se abrió, una mujer con un pañuelo verde en la cabeza y sobre los hombros y unas gafas oscuras se encontraba detrás. Retrocedí de un salto y caí para atrás.
—¿Estás bien, querida?
—Cla...claro claro. Sólo es una caída, no pasa nada.-me levanté del suelo y sacudí mis pantalones mientras Danielle me echaba miradas de enfado.
—Tía Euríale, cuanto tiempo, has cambiado mucho.
—Vosotras también estáis muy cambiadas.-me pasó una mano por la cabeza y sostuvo un mechón de mis cabellos entre sus dedos.-Oh que hermoso cabello, de color chocolate... Hablando de chocolate, os preparado unas tazas de cacao caliente de bienvenida.
—Eres genial, tía Euríale.-dijo Dan, me dio un pisotón en el pie.
—Esto... gracias por ser tan ¿considerada? Si eso, considerada.
Rió y no hizo un gesto con sus muy arrugadas manos para que la siguieramos por el pasillo, que estaba prácticamente a oscuras. Llegamos a un salón en el que había una gran chimenea muy decorada, dos sillones verdes y un sofá del mismol color. Las paredes, de color menta y el papel dorado estaban ya desgastados y medio arrancados de su lugar, la pintura desconchada y dejando zonas grises. De un pequeño empujón me sentó a su lado en el sillón y me ofreció una taza de cacao.
—Me encanta teneros aquí a las dos, ¿y vuestra madre?
Tragué saliva y tosí bruscamente.
—Bueno... digamos que papá no estaba muy... cuerdo, aquel día.
Intenté dejar de escuchar, pero no podía desconectar en aquel momento.
—¿Pero vuestro padre no estaba ...?
—Si.-siguió Danielle-. Quería decir nuestro padrastro, estoy acostumbrada a llamarle así.
—Entiendo, bueno bueno, fuera caras largas. ¿Queréis ver vuestros aposentos?
¿Aposentos? Ah claro, ¡Las habitaciones!
—¡Si!
Subí corriendo las escaleras mientras ellas subían a su paso, me asomé a la primera habitación, llena de peluches y muñecas de aspecto satánico. Las paredes pintadas de rosa, las cortinas blancas y violetas, una mosquitera de mariposas sobre la cama, y lo peor de todo, no había cerradura en la puerta, cualquiera podría entrar si quisiera. Me acerqué a la de al lado, que era un baño. La siguiente otro baño. La siguiente supuse que sería la habitación de Euríale, por el decorado tan antiguo como ella, y por la cama sin hacer que delataba que había dormido allí. Asomé la cabeza en el último cuarto. Perfecto. Era perfecto. Paredes verdes como las hojas de los pinos, la cama era como una litera, sólo que la parte de abajo era un escritorio, la parte de arriba la cama y la escalera que era de peldaños cual una normal, tenia por peldaño una estantería en el lateral que daba al escritorio. Era perfecta. Completamente llena de libros, libros viejos, con olor a polvo literario, como habría dicho mi madre. Seguro que ella habría amado esta habitación como yo la estaba amando en aquel momento. Había un armario de madera en el que cabríamos cuatro personas de mi tamaño. Un baño propio, cosa que no había en los otros cuartos puesto que ya había suficientes lavabos en la casa. Y además tenía cerradura, nadie que yo no invitara a pasar tendría el gusto de hacerlo por si mismo.
—Estos deberían ser los aposentosnde tu hermana, pero puesto que tú llegaste antes y no pone su nombre por ninguna parte, supongo que es toda tuya.-sonrió mi tía.
—No es justo... yo ya soy mayor...
—Si eres tan mayor como dices ser, déjate de berrinches y confórmate con lo que hay.
La verdad es que mi hermana ya era bastante mayor, como si veinte años fueran pocos. Y ya era bastante bonito de ver que yo con mis diecisiete años aún tuviera a mi osito de peluche como para que ella también fuera una chica con mentalidad de bebé. Pero por nada del mundo iba a abandonar a Dusty, por nada, era el mejor osito de peluche del mundo y por mucho que yo creciera iba a permanecer a mi lado.
Deshice la maleta, saqué toda la ropa y la metí en el armario. Percha, camiseta, cajón, pantalón. Percha, vestido, cajón, shorts. Ya lleno el primer cajón fui a abrir el segundo, pero ya estaba ocupado.
Una caja dorada, como todo en aquella casa al parecer, era de madera, con adornos similares a los de la puerta, serpientes. Se ve que a Euríale le encantaban esos animales mortales. Intenté abrirla pero estaba cerrada, lo raro es que no tenía cerradura. Miré detenidamente la caja, por cada esquina una cabeza de serpiente, cada una de sus colas se unían en el centro para formar una estrella, estaba bien hecha sin duda. Las figuras de los reptiles tenían ojos verdes de esmeraldas y en alguna escamas había purpurina o algo así que habría caído sobre la caja hace tiempo, dejando el brillo incrustado. Tanta molestia, tanto adorno, tanto tiempo que se habría tardado en hacer esa caja, para guardar, ¿qué?¿Qué guardaba esa caja? Necesitaba saberlo.






